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El empleo
generado por la actividad cafetalera genera una enorme estabilidad
política y social, ayudando a desarrollar micro empresas,
que contribuyen a reducir la migración hacia las ciudades
y otros problemas de carácter socioeconómico.
Durante
muchos años el café ha contribuido para que las
comunidades rurales tengan una adecuada infraestructura, tal como
carreteras, escuelas y servicios básicos, entre otros.
En
el año 2001, aproximadamente el 52% de los préstamos
totales otorgados al sector agropecuario y pesca fueron para el
subsector café, este porcentaje ascendió a 84% tomando
en cuenta sólo los productos agrícolas. También
representa el 3.5% de los $5 billones otorgados por el sector
financiero para toda la actividad económica en El Salvador
como créditos.
Pero
la crisis ha perjudicado a los productores salvadoreños
y los créditos al café se han venido reduciendo
significativamente desde el 2001. Actualmente el café representa
un 5% de las exportaciones totales. El impacto social de la crisis
del café es probablemente el peor efecto negativo de esta
trágica historia. Como hemos visto, el café ha dado
soporte a miles de familias que ahora están luchando por
sobrevivir puesto que cada día se vuelve más difícil
encontrar trabajo en una plantación cafetalera.
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