Es inútil tratar de encontrar
la definición precisa de un producto que, como el café,
adopta en la práctica las más variadas formas
de cultivo y preparación.
Lo más sensato es hablar de
calidades de café, exponiendo las condiciones que hacen
que un producto —y en este caso el café salvadoreño—
tenga las cualidades necesarias que le permiten obtener la
elocuencia de la calidad.
El proceso del café en El Salvador
es, sin lugar a dudas, uno de los más tradicionales
del mundo, porque la pequeñez del territorio y su densidad
poblacional permitió al país atender su cultivo
como si se tratara de un jardín.
Adicionalmente, por crecer en sombreadas
sierras y volcanes muy agrestes, nuestro producto se cultiva
totalmente a mano. La mano de obra salvadoreña que
participa en el proceso productivo del café es heredera
de más de doscientos años de tradición.